Los contenidos informativos son cambiantes y temporales, mientras que las habilidades, actitudes, valores y formas de pensar son permanentes y fundamentales para la vida personal, social y comunitaria.

En este sentido, surge una pregunta clave para la reflexión educativa: ¿Qué tanto de los conocimientos adquiridos en la escuela se traducen en aprendizajes útiles para la vida cotidiana y la transformación social?...

Conviene transitar de una educación centrada en la acumulación de información hacia una que privilegie el aprendizaje profundo, significativo y contextualizado, capaz de desarrollar en las y los estudiantes el pensamiento crítico, creativo, analítico y ético. No se trata únicamente de manejar información, sino de aprender a pensar, cuestionar, crear, resolver problemas y tomar decisiones responsables en contextos reales.

Uno de los propósitos centrales de la educación es la formación integral de personas críticas, reflexivas, creativas y comprometidas con su comunidad. Desde esta perspectiva, la Secretaría de Educación Pública otorga autonomía profesional al docente, invitándolo a diseñar experiencias de aprendizaje que favorezcan el desarrollo de habilidades del pensamiento, iniciando por la creatividad, el razonamiento verbal, la solución de problemas, la comprensión del entorno, el discernimiento y la inteligencia práctica.

Ante la insuficiencia de programas específicos orientados exclusivamente a estas habilidades, corresponde al docente, como agente de transformación, propiciar ambientes de aprendizaje incluyentes, innovadores y pertinentes. Esto implica replantear las prácticas pedagógicas tradicionales y avanzar hacia una educación que responda a los retos actuales, fortaleciendo el pensamiento autónomo y la construcción colectiva del conocimiento en cada grupo escolar.

El ejercicio sistemático de las habilidades del pensamiento es una necesidad formativa urgente. Despertar la reflexión, promover la creatividad y fomentar nuevas formas de pensar permite a las y los estudiantes enfrentar los desafíos del presente sin desechar los saberes previos que siguen siendo valiosos. Nos conviene una educación que articule lo nuevo con lo existente, potenciando las capacidades individuales y colectivas.

En este contexto, el docente contemporáneo requiere documentarse y formarse continuamente en el estudio del pensamiento crítico, analítico y creativo, comprendiendo cómo estimular la mente, fortalecer la curiosidad intelectual y promover la resolución consciente de problemas. 

La enseñanza centrada únicamente en la memorización, repetición o acumulación conceptual pierde sentido si no incorpora la creatividad como eje transversal del aprendizaje.

Con la orientación adecuada, el estudiantado puede comprender los propósitos de su aprendizaje, reconocer el valor del acto creativo, identificar sus ventajas y desarrollar las condiciones necesarias para pensar de manera lógica, estratégica, analítica y práctica. Cada docente, desde su asignatura, puede integrar activadores del pensamiento que favorezcan la reflexión y la construcción de saberes.

Es importante distinguir entre dinámicas grupales y prácticas de creatividad. Mientras las primeras se orientan principalmente a la socialización, las segundas están diseñadas para estimular el pensamiento en un ambiente de orden, respeto y corresponsabilidad. En todas las actividades escolares, resulta fundamental incorporar experiencias que inviten a pensar de manera crítica, analítica, creativa y colaborativa.

La autovaloración y la autocrítica constructiva son pilares del desarrollo integral. Para reconocernos y aceptarnos, es necesario conocernos. La educación debe partir del reconocimiento de las cualidades, fortalezas y potencialidades del estudiante, evitando prácticas centradas en el señalamiento de errores como estrategia formativa. 

Fortalecer lo positivo genera bienestar, confianza y motivación para aprender, mientras que lo negativo pierde fuerza de manera natural cuando se construyen ambientes de respeto, acompañamiento y reconocimiento.

De esta forma, la escuela se consolida como un espacio de formación humana, donde pensar, crear y transformar la realidad se convierten en aprendizajes esenciales para la vida.