En la Nueva Escuela Mexicana ya no tiene cabida una formación basada en calificaciones bajas, castigos, reportes o notas de demérito, prácticas que resultan punitivas y generan experiencias negativas en el estudiantado.

Hoy se reconoce que la motivación pertinente, oportuna y respetuosa de la dignidad humana despierta el interés genuino por aprender y produce resultados valiosos, duraderos y significativos para la vida.

La creatividad se concibe como un proceso integral que articula a la persona, el pensamiento y la acción, permitiendo que los aprendizajes trasciendan el aula y se apliquen en contextos reales. En este sentido, Perkins señala que lo esencial no es únicamente lo que se piensa, sino el propósito que organiza los recursos mentales para alcanzar fines creativos.

Con frecuencia, los logros más admirables del ser humano surgen en contextos de desafío o necesidad. En situaciones de emergencia o presión, las personas descubren capacidades que desconocían. Del mismo modo, cuando el estudiante se compromete a buscar soluciones más allá de lo convencional, comienza a transitar el camino de la creatividad.

Por ello, resulta fundamental que los problemas y retos planteados en el aula tengan sentido, relevancia social y un vínculo directo con la realidad del alumnado. Estos deben propiciar el desarrollo de los procesos del pensamiento creativo: preparación, incubación, iluminación y verificación, favoreciendo el autodesarrollo, el crecimiento intelectual y el uso productivo del conocimiento, tal como lo promueve la NEM.

La inteligencia y las habilidades cognitivas pueden desarrollarse mediante experiencias educativas intencionadas. Diversos estudios y propuestas pedagógicas han demostrado que, a través de ejercicios adecuados, es posible fortalecer el pensamiento, mejorar la comprensión y acelerar los aprendizajes de manera eficaz y respetuosa.

El docente tiene la responsabilidad de fomentar la creatividad en todas las manifestaciones del estudiante, reconociendo los propósitos y logros, diseñando desafíos auténticos y generando situaciones que impulsen la reflexión y la toma de decisiones. Aceptar el error como parte natural del proceso de aprendizaje permite que el alumnado asuma riesgos, transforme el fracaso en reto y fortalezca su autonomía.

Estrategias como la elaboración de mapas conceptuales, el trabajo por proyectos interdisciplinarios y el aprendizaje colaborativo contribuyen al desarrollo del pensamiento inventivo, al tiempo que fortalecen el sentido de comunidad, uno de los pilares de la Nueva Escuela Mexicana.

Para responder a las demandas del estudiante de la nueva época, es indispensable que el docente reflexione sobre su práctica y se capacite continuamente en el desarrollo de habilidades del pensamiento. Solo así podrá propiciar ambientes de aprendizaje inclusivos, motivantes y pertinentes, orientados a la formación integral y al bienestar común.

El ejemplo del docente es una guía silenciosa pero poderosa. Cuando el educador vive la creatividad en su forma de ser y de actuar, genera un ambiente escolar donde la curiosidad, la innovación y el pensamiento crítico se convierten en prácticas cotidianas, activando las funciones cognitivas y socioemocionales del estudiante.

Existen diversas propuestas y materiales que apoyan esta labor, los cuales ofrecen herramientas para fortalecer la creatividad y el pensamiento flexible. Estas aportaciones permiten al docente desempeñar su trabajo con mayor sentido, convertirse en agente de cambio y contribuir a la formación de ciudadanos críticos, solidarios y comprometidos con su comunidad, tal como lo plantea la Nueva Escuela Mexicana.


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