
Trabajo, Disciplina y Perseverancia
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Lun - Vie, 2024
7:00 AM – 6:30 PM
Cerrada de Leandro Valle 114,
Fracc. Reforma, Tehuacán
238 38 24368
colegio@jfk.mx

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Si el proceso educativo continúa reproduciendo prácticas tradicionales sin una reflexión crítica, existe el riesgo de perpetuar, año con año, vicios de origen que se gestan desde la educación inicial hasta la media superior.
Como consecuencia, muchos jóvenes egresan del nivel superior con dificultades para integrarse plenamente a la vida social y profesional, no por falta de títulos, sino por carencias en su formación integral. Paradójicamente, estas limitaciones suelen ser producto de trayectorias escolares centradas más en la acumulación de contenidos que en el desarrollo humano.
La educación no es una simple transmisión de información; la educación es un proceso formativo que fortalece la conciencia, la identidad, el pensamiento crítico y el compromiso social. Sin embargo, en la práctica cotidiana aún observamos un distanciamiento del conocimiento profundo: los libros, recursos fundamentales para el aprendizaje reflexivo, suelen ser subvalorados, y la lectura enfrenta un rechazo creciente frente al consumo inmediato de contenidos digitales. Esto no implica negar el valor de la tecnología, sino reconocer que su uso acrítico puede limitar la imaginación, la creatividad y la capacidad de análisis.
En los tiempos actuales, conviene resignificar la lectura como una experiencia viva, vinculada con la realidad del estudiante y su comunidad. Es responsabilidad del docente, como mediador y acompañante del aprendizaje, despertar el gusto por la lectura, no como una obligación académica, sino como una herramienta para comprender el mundo, dialogar con otros y construir conocimiento con sentido humano.
Asimismo, la educación no puede reducirse a la obtención de calificaciones. La evaluación, desde el enfoque formativo, debe centrarse en los procesos de aprendizaje, en la reflexión sobre lo aprendido y en el desarrollo de capacidades para la vida. Cuando el estudiante se enfoca únicamente en aprobar exámenes, el aprendizaje se vuelve superficial y fácilmente olvidable, lo que cuestiona la pertinencia de los métodos y finalidades educativas.
La educación tiene una función social profunda: formar personas capaces de actuar con ética, responsabilidad y sensibilidad frente a los problemas de su entorno. No basta con formar profesionistas técnicamente competentes si carecen de valores, autocontrol, empatía y compromiso con el bienestar colectivo. La historia reciente muestra que el éxito académico no garantiza una conducta ética ni una vida equilibrada.
El objetivo de la educación es la formación de personas íntegras, conscientes de sí mismas y de los otros, capaces de participar activamente en la transformación de su realidad. La educación constituye la base de la cosmovisión de cada individuo y de su manera de responder, con sentido humano, a los desafíos del aquí y el ahora. En este sentido, educar es formar para la vida, no sólo para el mercado laboral, y asumir que el destino de la sociedad está profundamente ligado a la calidad humana de su educación.
Cerrada de Leandro Valle
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