Se cuenta que en cierta ocasión un Abad de un monasterio visitó a un Gurú para compartirle su preocupación: tiempo atrás, su monasterio era reconocido, estaba lleno de monjes y la comunidad acudía en busca de orientación, consuelo y esperanza.

Sin embargo, ahora vivían momentos difíciles y el abad deseaba saber qué error habían cometido para enfrentar esa situación.

El Gurú le respondió que sí habían cometido un pecado: el de la ignorancia, pues entre ellos se encontraba el Mesías, viviendo como un monje más, sin ser reconocido.

El Abad regresó profundamente conmovido. Durante el camino, su corazón latía con fuerza al pensar que el Mesías estaba allí, en su comunidad. Se preguntaba quién podría ser: ¿El cocinero?, ¿El sacristán?, ¿El administrador?, ¿El Prior? Pensaba incluso que no podía ser aquel que tenía tantos defectos.

Al llegar, compartió con los monjes lo que había escuchado: que uno de ellos era el Mesías, aunque estuviera disfrazado de monje. Nadie pudo identificarlo con certeza; pero desde ese momento comenzaron a tratarse con mayor respeto, dignidad y consideración. Con el tiempo, el monasterio recuperó su prestigio y volvió a ser un espacio de paz y referencia espiritual.

Este relato nos invita a reflexionar que, entre nosotros, quizá no esté el Mesías; pero sí niñas, niños y adolescentes valiosos; futuros ciudadanos, líderes comunitarios, profesionistas y seres humanos íntegros que hoy dependen de nuestro acompañamiento, cuidado y orientación.

Las familias han confiado a esta comunidad educativa lo más valioso que tienen: sus hijas e hijos. Esta confianza implica una corresponsabilidad ética y social. Educar no es sólo transmitir conocimientos, sino formar personas con conciencia, valores, identidad, pensamiento crítico y sentido de comunidad.

Al integrarse como docente, usted asume un compromiso profundo con la transformación social. Su labor tiene un impacto directo en el presente de sus estudiantes y en el futuro de la sociedad. Ha sido elegido para formar parte de este Centro de Aprendizaje Comunitario, lo cual es un privilegio y una responsabilidad que debe reflejarse en su actuar cotidiano.

La educación es un proceso humano, vivo y situado. Implica mirar con honestidad; pues ver con claridad significa estar dispuesto al cambio.

¿De qué sirve tener ojos si el corazón está ciego?”...

El trabajo docente es un trabajo de mente y de corazón; pero sobre todo de humanidad. Se construye en el aquí y ahora, porque el presente es el espacio donde se generan aprendizajes significativos, donde se fortalece la identidad y donde se siembran valores.

El futuro no es más que la consecuencia de lo que hacemos hoy. Si cumplimos con responsabilidad y conciencia nuestra tarea presente, estaremos contribuyendo a una educación transformadora.

En este camino, es necesario preguntarse constantemente:

  • ¿Qué habilidades del pensamiento crítico, analítico y reflexivo estoy promoviendo en mis estudiantes?
  • ¿Mis planeaciones reflejan un enfoque humanista, inclusivo y contextualizado?
  • ¿Cómo influyen en mi práctica valores como la verdad, el respeto, la solidaridad, el amor y el autoconocimiento?
  • Ante conflictos o faltas, ¿busco culpables o soluciones formativas?
  • ¿Privilegio la memorización o el aprendizaje significativo para la vida?
  • ¿Promuevo la honestidad, la autonomía y la responsabilidad compartida?

Cuestionarse con honestidad es una muestra de compromiso profesional y ético. La calidad de nuestras respuestas se refleja en la calidad de nuestra práctica educativa.

Recordemos que la educación es una tarea colectiva. No se trata de dividir responsabilidades, sino de asumirlas desde cualquier rol que ocupemos en la comunidad escolar. Desde cualquier espacio se pueden generar problemas; pero también desde cualquier espacio se pueden construir soluciones.

Usted forma parte de un equipo comprometido con el bienestar, el aprendizaje y la formación integral de sus estudiantes. Su participación activa, consciente y ética es clave para el éxito de esta misión compartida.

Su participación activa, consciente y ética es clave para el éxito de esta misión compartida. Esto se refleja en la disposición para trabajar colaborativamente, innovar en las prácticas pedagógicas, reflexionar sobre la propia labor y actuar con responsabilidad, respeto y empatía. Cada decisión, actitud y acción que usted asume en el aula contribuye a crear un entorno seguro, inclusivo y estimulante, donde los estudiantes se sientan valorados y capaces de alcanzar su máximo potencial.

Como docente, su energía, apertura al aprendizaje continuo y cercanía con las nuevas generaciones representan una oportunidad invaluable para fortalecer la comunidad educativa y responder a los desafíos actuales de la educación con compromiso y vocación.