Como docentes vale la pena detenernos un momento y hacernos algunas preguntas esenciales:

¿Qué represento dentro de mi escuela?
¿Soy alguien que identifica problemas o alguien que impulsa soluciones?
¿Participo de manera activa en la construcción del bienestar colectivo?
¿Comparto ideas que mejoren la convivencia, el aprendizaje y el clima escolar?

En una escuela innovadora, el rol docente va más allá del aula:
se trata de acompañar, dialogar, promover el pensamiento crítico, fortalecer la comunidad y educar con sentido humanista. Para eso, nuestras actitudes y aptitudes importan tanto como nuestros conocimientos.

Una lección de participación y corresponsabilidad

Se cuenta la historia de una empresa japonesa que, a pesar de tener al mejor personal y excelentes programas de calidad, comenzó a recibir quejas por fallas en su producto. Intentaron muchas soluciones sin éxito hasta que un joven empleado, sin rango directivo; pero con auténtico compromiso, se acercó al supervisor y compartió una observación sencilla: la vibración del tren que pasaba cerca de la fábrica podía estar afectando la producción.

Tomaron en serio su comentario y, tras investigarlo, descubrieron que tenía razón. Construyeron una barrera de agua entre la vía y la planta y la calidad del producto mejoró de inmediato.

¿Qué nos enseña esta historia?

Que para transformar una institución no basta el cargo, hace falta el compromiso.

Que una buena idea puede venir de cualquier persona cuando se siente parte del proyecto.

La corresponsabilidad es clave en una escuela innovadora.

Cuando llegaste a esta escuela fue porque alguien confió en tus capacidades.

Hoy, tu reto es otro: ¿Qué tan involucrado estás con la comunidad escolar?

  • ¿Reconoces los problemas que afectan la vida escolar y aportas soluciones?
  • ¿Te acercas a quien corresponde para proponer mejoras?
  • ¿Promueves la reflexión, el diálogo y la participación entre tus estudiantes?
  • ¿Te identificas con la misión social de la escuela?
  • ¿Asumes tu responsabilidad como agente de cambio?

En educación, la calidad se afecta no sólo por errores técnicos, sino por la falta de comunicación, el individualismo o la idea de “esto no me corresponde”.

Sintámonos invitados a: cooperación, participación y compromiso social.

Actitud + Aptitud = Transformación educativa

Los errores son parte natural del trabajo; reconocerlos y corregirlos es signo de profesionalismo.

Lo que no tiene cabida en un proyecto educativo transformador es la indiferencia o la mediocridad del “hago sólo lo necesario”.

La tarea no es sólo enseñar contenidos:
es generar creatividad, disciplina, reflexión, trabajo colaborativo y sentido social.

En palabras simples:

  • Aptitud es lo que sabes hacer.
  • Actitud es cómo eliges hacerlo.

Y en educación, ACTITUD Y APTITUD deben caminar juntas.