EL TEMOR Y LA FE

Reflexionemos sobre dos fuerzas que todos sentimos: El temor y la fe. El temor nos paraliza, nos hace dudar, nos llena de inseguridad.

La fe, en cambio, nos impulsa, nos da esperanza y nos permite avanzar incluso cuando no tenemos todas las respuestas.
Cada día, en nuestras decisiones, elegimos entre estas dos actitudes. Este tema no se trata sólo de religión, sino de cómo pensamos, cómo sentimos y cómo enfrentamos la vida. Hoy veremos cómo la fe puede transformar nuestra manera de vivir.

Dios conoce nuestras necesidades:
Cuando oramos, muchas veces pensamos que debemos convencer a Dios de lo que necesitamos; pero la idea principal es diferente: Dios ya sabe lo que necesitamos. El verdadero trabajo está dentro de nosotros.
Nos conviene eliminar la duda, la inseguridad y el miedo que llevamos en el corazón. La oración no cambia a Dios, nos cambia a nosotros. Nos ayuda a confiar, a tener claridad y a fortalecer nuestra fe.”

Saber qué queremos:

Muchas veces no obtenemos lo que queremos porque ni siquiera sabemos bien qué queremos. Cambiamos de opinión constantemente o tenemos ideas vagas.
Por ejemplo, decimos que queremos una casa o un buen trabajo; pero no definimos cómo ni para qué. La claridad es fundamental.
Cuando sabes exactamente lo que deseas, tu mente y tus acciones comienzan a alinearse hacia ese objetivo.

El poder de la fe y la afirmación:

La fe no es sólo esperar, es creer firmemente. Cuando afirmamos algo, estamos diciendo que ya es una realidad en nuestra mente.
Esto cambia nuestra actitud, nuestras decisiones y nuestra energía.
Como dice la enseñanza: si crees, lo recibirás. No es magia, es una forma de enfocar nuestra mente y nuestras acciones hacia lo que queremos lograr.

Suplicar vs afirmar:

Hay una gran diferencia entre suplicar y afirmar. Suplicar viene desde el miedo y la duda. Es como decir: ‘No sé si pasará’.
Afirmar, en cambio, es confiar plenamente. Es tener la seguridad de que lo que pedimos es posible.
Cuando creemos de verdad, actuamos diferente. Nos sentimos más tranquilos, más seguros, y eso influye directamente en los resultados.

El obstáculo: la duda

Después de pedir algo, muchas veces seguimos pensando en eso; pero con preocupación. Nos angustiamos, dudamos y desesperamos.
Esto contradice la fe. Si realmente creemos, confiamos y seguimos adelante.
La duda es el mayor obstáculo. No es lo que pasa afuera, sino lo que pensamos dentro lo que define nuestros resultados.

Vivir en la fe:

Vivir en la fe no significa estar orando todo el tiempo, sino vivir con confianza. Significa actuar, pensar y sentir desde la seguridad de que las cosas llegarán en el momento correcto.
También implica paciencia, porque todo tiene un proceso.
Al final, la enseñanza es clara: define lo que quieres, cree en ello, elimina la duda y mantén una actitud positiva. La fe no es sólo creer… es vivir creyendo.