
Trabajo, Disciplina y Perseverancia
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Cerrada de Leandro Valle 114,
Fracc. Reforma, Tehuacán
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Vivimos en una época donde constantemente nos dicen que la felicidad depende de tener más: más seguidores, mejores calificaciones, más dinero, más reconocimiento o más cosas materiales.
Sin embargo, lo que ocurre a nuestro alrededor no es lo que determina si somos felices o no. La verdadera felicidad nace dentro de nosotros. Y aunque parezca algo sencillo, decidir ser felices es una de las elecciones más inteligentes y poderosas que podemos hacer.
La felicidad no significa que todo sea perfecto. Tampoco implica ignorar los problemas o fingir que nada duele. Significa reconocer lo que somos, aceptar nuestra realidad y elegir una actitud que nos impulse a crecer. Cuando aprendemos a valorar lo que ya tenemos, nuestra familia, amistades, talentos, oportunidades y sueños, comenzamos a aprovechar mejor nuestra vida.
Muchos jóvenes piensan: “Seré feliz cuando termine la escuela”, “cuando tenga pareja”, “cuando entre a la universidad”, “cuando gane más dinero”. Pero si condicionamos nuestra felicidad al futuro, siempre la estaremos posponiendo. La felicidad no es una meta lejana; es una forma de caminar hacia nuestras metas.
Ahora bien, surge una pregunta importante: ¿es posible ser feliz cuando las cosas no salen como queremos?... ¿Cuando reprobamos un examen, discutimos con alguien importante o enfrentamos una pérdida?... La respuesta es sí. Las circunstancias pueden afectarnos; pero no tienen el poder absoluto sobre nuestra actitud. Sentir tristeza es natural y necesario. Nos ayuda a procesar lo que vivimos y a comprender nuestras emociones. Sin embargo, esa tristeza no tiene que definirnos.
Podemos estar decepcionados por un resultado y, al mismo tiempo, sentir orgullo por el esfuerzo que hicimos. Podemos experimentar dolor y, aun así, conservar esperanza. La felicidad no elimina las emociones difíciles; más bien, nos da la energía para superarlas. Cuando elegimos pensamientos positivos y constructivos, fortalecemos nuestra mente y nuestro carácter.
Nuestro pensamiento tiene una influencia enorme en nuestra realidad. Lo que repetimos en nuestra mente se convierte en la manera en que actuamos. Si constantemente pensamos “no puedo”, “no soy suficiente” o “siempre me va mal”, terminaremos creyéndolo y actuando de acuerdo con esas ideas. En cambio, si nos decimos “estoy aprendiendo”, “puedo mejorar”, “esto es temporal”, generamos una mentalidad de crecimiento.
Ser felices es también una forma de responsabilidad personal. No podemos controlar todo lo que sucede; pero sí podemos controlar cómo respondemos. Cada día nos ofrece la oportunidad de decidir qué actitud vamos a tener. Esa decisión, repetida muchas veces, forma nuestro carácter y, finalmente, nuestro destino.
En el Ciclo Preuniversitario, Educación Media Superior, (EMS) enfrentamos presión académica, cambios físicos y emocionales, decisiones sobre el futuro y retos sociales. Es una etapa intensa. Por eso es aún más importante cultivar una felicidad consciente. Esto implica:
Si hoy te sientes bien, reconoce que siempre puedes sentirte mejor. No desde la insatisfacción, sino desde el deseo de crecer. Cada día puede convertirse en una nueva oportunidad para ser una mejor versión de ti mismo. No porque el mundo cambie mágicamente, sino porque tú decides enfrentarlo con una actitud distinta.
La felicidad no es ingenuidad ni superficialidad. La felicidad es una forma inteligente de vivir. Es comprender que, aunque no todo depende de nosotros, nuestra manera de pensar sí lo hace. Cuando elegimos pensamientos que nos fortalecen, generamos acciones que nos acercan a nuestras metas.
Ser feliz es confiar en que, aun en medio de dificultades, poseemos la capacidad de salir adelante. Es saber que los problemas no son permanentes y que cada experiencia, buena o mala, puede enseñarnos algo valioso.
Hoy, más que nunca, necesitamos jóvenes conscientes de su poder interior. Jóvenes que no esperen a que el mundo les dé permiso para ser felices. Jóvenes que entiendan que la felicidad no se encuentra, se construye.
Decidir ser felices no elimina los retos; pero nos prepara para enfrentarlos con valentía. Y cuando aprendemos a sentirnos bien con quienes somos, descubrimos que tenemos dentro una fuerza capaz de transformar cualquier circunstancia.
Por eso, más que una frase bonita, la felicidad es una decisión diaria. Una decisión que empieza aquí y ahora.
Cerrada de Leandro Valle
No. 114, Fracc. Reforma.
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