En lugar de enojarnos, intentemos ser curiosos.

En lugar de sentir envidia, aprendamos a admirar.
En lugar de preocuparnos tanto, ocupémonos en hacer algo útil.
En lugar de dudar de nosotros, confiemos un poco más.

La llamada “energía negativa” no desaparece peleando con ella. En realidad, es la misma energía que podemos usar de forma positiva, sólo que va en la dirección equivocada. No hace falta huir de lo que sentimos: basta con cambiar el rumbo.

Mientras más fuerte es una emoción negativa, más fuerza puede tener cuando la usamos bien. Es como un coche que puede ir muy rápido hacia un lado o hacia el otro. La diferencia está en quién toma el volante.

Cuando notes que estás reaccionando con enojo, tristeza o frustración, haz una pausa y pregúntate:
¿Cómo podría usar esta energía para algo mejor?

Algunas ideas para lograrlo:

  • Convierte la tristeza en empatía por los demás.
  • Cambia las quejas por propuestas o soluciones.
  • Transforma el enojo en ganas de mejorar.
  • Busca algo bueno, incluso en situaciones difíciles.
  • Aprende a perdonar, para estar en paz contigo.
  • Valora lo que haces cada día, aunque no siempre sea fácil.
  • Evita criticar y no te quedes escuchando críticas que no ayudan.
  • Trata a los demás como te gustaría que te traten a ti.
  • Recuerda que tus pensamientos también influyen en tu bienestar.
  • Dedica un momento a reflexionar, orar o meditar, según tus creencias.

Cambiar no siempre es fácil; pero sí es posible. A veces, sólo hace falta detenerse un momento… y girar el volante.