Incluso las cosas mejores pueden dejar de serlo cuando las llevamos al extremo. A veces pensamos que “si algo es bueno, entonces, más debe ser mejor”, pero en realidad suele ser justo lo contrario.

En la vida casi todo tiene un límite: un punto donde lo que era positivo deja de ayudarnos. Muchas veces creemos que necesitamos más, cuando en verdad lo que buscamos es mejor.

Por ejemplo, podemos sentir que queremos más comida, cuando en realidad lo que nuestro cuerpo necesita es comida de mejor calidad: algo que lo nutra de verdad, no sólo que lo llene. Podemos desear más dinero, cuando quizá lo que nos hace falta es aprender a usar con más inteligencia el que ya tenemos.

Si vivimos siempre buscando “más y más” y aun así no logramos sentirnos satisfechos, es posible que nunca lo estemos. Tener más suele parecer la solución obvia; pero no siempre es la correcta.

Cuando sientas que estás a punto de irte a un extremo, detente un momento. Pregúntate si no es momento de cambiar de enfoque.

La calidad no depende de la cantidad. No destruyamos algo bueno llevándolo al límite. En vez de obsesionarnos con ser “más”, usemos esa energía para ser la mejor versión de nosotros mismos.

Si buscamos calidad antes que cantidad, lo demás llega solo. La cantidad termina siendo una consecuencia natural de hacer bien las cosas.