SOLTAR Y DEJAR IR Featured

29 Julio 2021, 12:00 am Escrito por 
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Cuando las hojas de un árbol se mueven es porque el viento las está moviendo y su movimiento dependerá de la intensidad del viento y si no hay viento, las hojas estarán completamente tranquilas; lo mismo sucede con nuestra mente, cuando nuestra mente está inquieta, algo le está inquietando, pueden ser los deseos y las ansias de que algo sea o de que algo no sea, esto incluye las expectativas, aferramientos, adicciones, necesidades, exigencias de otros o de la misma vida para que pase al tiempo y medida que queremos que pase.

 Una de las mejores maneras de aquietar al viento que nos mueve es “soltando” lo que nos inquieta. Todo empieza con una especie de miedo existencial al no estar en armonía con nuestra parte más pura, más divina, más sagrada de nosotros. Hay algo afuera flotando a lo que le damos el poder de decidir lo que es bueno y lo que es malo y de allí, partiendo de la decisión del ego, vemos lo que nos conviene o lo que no nos conviene; aquí empieza la lucha, una verdadera batalla para conquistar personas, para conseguir objetos y luchar contra lo que no queremos.

 Es posible que recordemos una crítica, una burla y que, a lo mejor, ya han pasado muchos días, semanas y hasta años; pero nos sigue molestando el recuerdo de la ofensa o la crítica; pero la persona que nos criticó o se burló de nosotros ya se olvidó, se olvidó de lo que dijo y hasta se olvidó de nosotros; pero es posible que nosotros retengamos esa ofensa y nos torturemos, básicamente por no saber ejercitar el arte de “soltar y dejar ir”.

El querer que las cosas sean diferentes es lo que nos hunde y alimentamos a la mente discursiva en vez de "soltar y dejar" ir expectativas, objetos, ideas, etc. La mente discursiva es el conjunto de comentarios; la mente comenta lo que está pasando, lo que se está viviendo. Si comentamos lo que estamos viendo atendemos a las palabras y dejamos lo observado en otro plano. Si decimos: “qué bellas flores”, “qué bella luna”, “qué hermoso paisaje” dejamos de ver a las flores, a la luna y al paisaje y nos concentramos únicamente en las palabras, en el discurso de apreciación. Generalmente no estamos viviendo plenamente, no estamos conectados con la realidad, estamos viviendo las palabras.

 La vida está en alta resonancia, muy viva y muy intensa y es posible que nosotros sigamos viendo a través de los pensamientos, a través de las palabras, juicios, etiquetas y conceptos. Nos conviene cortar a la mente discursiva y vivir el presente plenamente. Nos conviene soltar los comentarios que interrumpen e impiden estar “presentes en el presente”. Conviene dejar de comentar lo que está pasando y comenzar a vivirlo, empezar a experimentar la vida en presente, haciendo lo que nos toca hacer en el juego que hayamos escogido jugar.

 Algunas cosas no son solamente comentarios y se convierten en una pertenencia, una experiencia que queda grabada, como si fuera un tatuaje en nuestra mente; como resultado hay muchos pesares que nos hunden cada vez más, muchas cosas que arrastramos innecesariamente.

Cada uno de nosotros tenemos nuestra historia, nuestros pesares que nos limitan y no nos dejan volar; lo peor es que, muchas veces, arrastramos eventos ya concluidos que reforzamos con los “hubiera”. Algo es pesado mientras lo sostenemos; pero si lo ponemos en la mesa ya no nos pesa. Si “dejamos ir” las experiencias trágicas que ya no tienen nada que enseñarnos, de lo que ya no hay nada que aprender, nos liberamos y “dejamos ir lo que ya no nos sirve”. Nos conviene ver: qué cosas debemos soltar.

El pasado es una especie de prisión; pero en muchas veces nos acostumbramos a vivir en nuestra celda y nos victimamos innecesariamente sin ver el daño que nos hacemos al autocastigarnos.

 También nos conviene “soltar” el futuro; muchos de nuestros días los pasamos volando entre el pasado y el futuro. Cuando no estamos satisfechos con nuestra vida nos proyectamos al futuro. Si esperamos ser felices cuando nos pase tal o cual cosa o tenemos miedo a que no pase lo que esperamos, perdemos equilibrio y entramos en un mundo de confusión. La otra cara de la esperanza es el miedo. Nos conviene planear sin miedo, tener objetivos y metas que nos ayuden a vivir bien en el presente que es lo más importante. “Quien vive en el pasado o se proyecta al futuro, pierde la oportunidad de vivir el valioso presente”.

 Conviene tener una visión realista de lo que está pasando. Hay muchas cosas que queremos innecesariamente y otras que guardamos en nuestra “mochila” sin necesidad y que nos impiden caminar ligeros. Soltemos todo lo que nos estorba y vivamos plenamente y en paz en el presente. Feliz no es el que más disfruta sino el que menos necesidad tiene de placer, de entretenimiento: la felicidad genuina es la paz; estar en paz con nosotros mismos, satisfechos, contentos con nosotros y con nuestra realidad, sin dependencias y con “actitud mental positiva”.

Toda la felicidad que hay en el mundo es el resultado de la preocupación por los demás y todo el sufrimiento que hay en el mundo viene de la preocupación por uno mismo y el olvido de que somos seres gregarios con necesidades mutuas. Conviene soltar tragedias, memorias amargas, ambiciones, caprichos y compartir lo que tenemos sin esperar resultados, sin ansiedad por el reconocimiento. Y al hablar de compartir no nos referimos solamente a bienes materiales, podemos compartir amor, aprecio, felicidad, etc.

¿Sabes cuál es la importancia de “compartir la felicidad” con los demás? Somos seres altruistas por naturaleza y compartir nos trae beneficios psicológicos. Nuestra naturaleza nos empuja al altruismo, y lo demuestra el hecho de que cuanto más ayudamos a los otros, mejor nos sentimos.

Para activar nuestra capacidad de equilibrio y soltar lo que no nos sirve, en internet, tenemos a nuestra disposición una buena dotación de “meditaciones guiadas” en espera de nuestra decisión para, aplicándolas, hacer de nuestra vida una experiencia más grata, aquí y ahora. Meditar una vez al día es bueno, dos veces al día es muy bueno y tres veces al día es excelente. (La meditación nada tiene que ver con creencias religiosas)

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Lic. Carlos del Salto del Salto

Director general del Centro de Estudios John F. Kennedy

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