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18 Enero 2020, 12:00 am Escrito por 
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 Los padres de familia apreciarán mejor el trabajo del docente si están más cerca del centro de aprendizaje de sus hijos

y si participan en todas las actividades que la escuela propone, con responsable conocimiento de causa y voluntad que contribuyan a fortalecer la capacidad de trabajo comunitario organizado. 

Si los padres de familia conocen el proyecto educativo de su escuela y saben que el trabajo es también formativo y que se evalúan diferentes rasgos que varían, según la materia, no podrán caer en el error de reclamar resultados reprobatorios en función de la calificación obtenida por sus hijos en un examen final y menos harán juego al comercio ya establecido de regularizadores milagrosos. 

 Los padres de familia deben saber que también se evalúan y cuentan para la aprobación o reprobación:

  1. Puntualidad
  2. Limpieza
  3. Iniciativa
  4. Colaboración.
  5. Orden
  6. Hábitos de trabajo
  7. Intereses
  8. Participación.
  9. Responsabilidad
  10. Capacidad de organización.
  11. Habilidades para investigar.
  12. Capacidad de análisis y síntesis.
  13. Habilidad en la expresión.
  14. Destreza en el manejo de materiales.
  15. Calidad en el trabajo y
  16. Contenidos científicos.

El examen es uno de tantos parámetros que ayuda al profesor y al discípulo a darse cuenta de qué progresos se han hecho en el proceso de enseñanza-aprendizaje. El examen es una herramienta usada en el trabajo participativo y evalúa a profesores y alumnos. 

Padres de familia, profesores y alumnos deben saber, entre otras cosas, que los resultados de los exámenes finales tienen dos fines prácticos:

  1. Servir de índice de la calidad del trabajo desarrollado, en materia evaluable, durante el año escolar.
  2. Servir de un parámetro más, sin ser el definitivo, para la promoción del alumno al grado inmediato superior.

Conviene conocer los indicadores, categorías y rangos de puntuación del proceso de enseñanza-aprendizaje y apoyar todo lo que eleve el nivel de calidad y no constituirse en “cazadores de brujas”, purificando la inoperancia de algún estudiante con el asesinato moral del profesor o profesores que participaron en una evaluación parcial o total del alumno que reprobó. Algunos papás son injustos al decir que si aprueba su hijo es por su inteligencia y si reprueba es por la incompetencia del profesor. 

La acreditación es el resultado de una evaluación continua de varios rasgos a lo largo de un año escolar y es incongruente, según el pensar de muchos profesores, que en períodos de regularización, con un solo examen que prueba únicamente el conocimiento o la habilidad de retención, se decida la aprobación de un alumno reprobado. 

Hay padres de familia que se acercan a la escuela solamente a preguntar porqué reprobó su hijo, jamás se acercaron a saber cómo debe trabajar su hijo. 

Para alcanzar el nivel de calidad, que se requiere en estos tiempos de grandes retos, el trabajo escolar está marcado por una ruta que tiene como estímulo el éxito; cuanto más éxito tenga un muchacho más se esmerará por alcanzar la siguiente meta. 

El éxito es una experiencia constructiva que conduce a la integración e incremento de la autoestima equilibrada. 

El fracaso, como una reprobación escolar, produce conductas conflictivas que se sumarán a frustraciones de una o más de las necesidades fundamentales del muchacho, generando problemas disciplinarios de agresión interna o externa que alimenta el nacimiento del “rebelde sin causa”. 

Todo muchacho necesita que sus cualidades sean reconocidas por sus padres, profesores y compañeros. Pocos son los que logran completa satisfacción con saber que han cumplido con su deber; pero la mayoría de la gente, por sus programaciones infantiles, desea ser reconocida en sus éxitos. El reconocimiento nutre su sentimiento de valor personal y acentúa el deseo de que los demás lo quieran y respeten por lo que es. 

Cuando se trata de un indicio de reprobación escolar conviene que los padres de familia, ayudados por los orientadores o psicopedagogos de su escuela, tomen cartas en el asunto para aplicar medidas preventivas y no, al final, buscar salidas falsas que complican la formación de los estudiantes, como son los posibles “arreglos” con los regularizadores. Aprobarán el año; pero la vida se encargará de reprobarles.       

 No es saludable que los padres de familia confíen ciegamente y dejen que la escuela cumpla con su trabajo, en algunos casos virtual. Conviene recordar que el trabajo escolar es y debe ser  siempre compartido entre padres de familia, profesores y alumnos.  Y desde cualquier lugar, como padres, como profesores o como alumnos, tienen el compromiso de proponer y participar en actividades de formación integral, durante todo el año escolar. 

Para poder involucrarse sin estropear el trabajo escolar, los padres de familia deben dominar el conocimiento de sus hijos, comenzando desde la aceptación, así como son, y recordando que el considerar las cualidades favorece la aceptación porque, al ver  las cualidades, las limitaciones o defectos se ahogan solos. Los defectos siempre provocan rechazo y las cualidades, aceptación. 

Los padres de familia deben saber que  los adolescentes que se refugian o evaden su responsabilidad en diferentes adicciones es porque ya tenían alguna mal formación.  Los padres requieren calma y mucha serenidad.

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Lic. Carlos del Salto del Salto

Director general del Centro de Estudios John F. Kennedy

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