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9 Enero 2020, 12:00 am Escrito por 
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Los hijos necesitan mucha ayuda relacionada con la búsqueda y el descubrimiento de los valores personales para poder crecer en dichos valores y, al encontrar la verdadera vocación, poder encaminarse, por la ruta del éxito, hacia la realización total. 

 

En el seno de la familia se orientará para que los hijos traten y consigan ser siempre los mejores en lo que emprenden. Aprendiendo a dar valor al trabajo, disciplina y perseverancia en el bien, se podrá entender la verdadera vocación del ser humano: hecho a imagen y semejanza de Dios y diseñado para gozar y experimentar la creación, las personas, animales y cosas, con amor y entendimiento. 

La vocación es la única línea de realización en cuyo camino se disfrutará del éxito. El plan de vida se realizará a plenitud solamente si está de acuerdo con la vocación; por esto los padres de familia deben tener mucho cuidado en las orientaciones iniciales para que los hijos le den verdadera importancia a la elección de carrera, de acuerdo con su vocación y no en respuesta a situaciones económicas o para complacer al papá o mamá que, generalmente, y de manera inconsciente, quieren realizarse en sus hijos; lo que no pudo ser el papá o mamá quieren que sea el hijo o la hija. 

Los hijos deben saber que la vocación es una pasión de amor por un ideal que da razón y sentido a la misma vida. El descubrimiento de la vocación es el momento más importante de la vida y el cultivo de la misma es el compromiso que determina la calidad y destino del plan vital de la juventud, que es el tiempo ideal para el discernimiento de los talentos. Los padres de familia deben saber que al ensalzar los talentos de los hijos sus limitaciones o defectos desaparecen como por arte de magia. 

Conviene recordar siempre que las cualidades son causa de aceptación y los defectos son motivo de rechazo. Si se ve las cualidades de los hijos hay motivo suficiente para ser aceptados; pero si se consideran los defectos es posible, y remotamente, que se acepte; pero con resignación y la aceptación de los hijos debe ser a plenitud, sin motivos de justificación. Aceptarles tal y como son, por el solo hecho de ser sus hijos. La aceptación da seguridad y permite el crecimiento constante; la desaprobación es producto del rechazo y minimiza,  dando origen a la frustración, tanto de los padres como de los hijos. 

Ya se dijo en alguna ocasión que el joven debe tener una idea clara de la empresa que tiene en sus manos y por la que tiene que gastar su propia vida y creer en ella porque cuando no se cree en nada, no se vive para nada ni se sirve para nada. 

La elección de la carrera y la elección del consorte, son dos decisiones en las que el fallar sale muy caro; para la equivocación en la elección de carrera no hay divorcio y por eso hay que dedicar todo el tiempo posible a pensar en la vocación; repetimos esto, una y mil veces, porque es muy importante y conviene comenzar a tratar este asunto desde el tercer año de secundaria.

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Lic. Carlos del Salto del Salto

Director general del Centro de Estudios John F. Kennedy

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