EL PODER DE LA COMUNICACIÓN Featured

23 Noviembre 2019, 12:00 am Written by 
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Los programas de paternidad responsable, planificación familiar y similares, parece que tienen como finalidad única el impedir la proliferación familiar (la familia pequeña vive mejor).

Familias que pueden tener, formar y educar a más hijos se conforman con la procreación de uno o dos, de acuerdo con la planificación familiar; privando así a la sociedad de contar con más elementos valiosos, dada su potencialidad y poder de formación.

A lo anterior se suma la participación, cada vez más fuerte, de la mujer en actividades productivas, por necesidad o por vocación. Sociólogos y psicólogos están de acuerdo en que la mujer se realice profesionalmente; pero no sacrificando a la familia. Ya se ha dicho, en múltiples circunstancias, que a los cuidados maternales no hay quién los sustituya y mientras la mujer tenga hijos  de edad preescolar su trabajo es en el hogar y la sagrada obligación es brindar tiempo de calidad, más o menos hasta los siete años de edad del niño. 

Es preocupante ver hogares, en algunos casos, que ya no son el centro de formación, reunión y convivencia familiar, son hoteles a los que llegan los papás y los hijos cansados y sin ánimo de compartir. 

La liberación femenina hace que se vea al hogar como un confinamiento que recluye a la mujer, madre abnegada y antigua; pero que de ninguna manera debe encadenar a la mujer moderna. Sociólogos, psicólogos y terapeutas, entre otros, están de acuerdo en la participación de la mujer en actividades productivas siempre que no se “sacrifique” a hijos en formación. Una madre es insustituible en los años de formación de los hijos; ¿cuántos años?... los que sean necesarios. En alguna parte leí la oración de un niño que les dice a sus padres: “no quiero que me den “mi domingo” ¡quiero que me obsequien parte de su domingo!”; el niño desea tiempo de calidad junto a él, en su proceso de adquisición de aprendizajes útiles para la vida.

Los problemas escolares más frecuentes son consecuencia de familias desintegradas o del abandono en el que viven algunos niños, sin importar la clase socioeconómica; en tales condiciones el trabajo de la escuela es casi nulo en el campo de la responsabilidad y cultivo de valores, que solamente se adquieren en el hogar; hay padres que creen cumplir con su obligación al solventar necesidades solamente de índole económica. 

Ante estos problemas es factible la búsqueda urgente de soluciones de carácter participativo. Esto puede realizarse cuando hay predisposición a valorar las experiencias propias y ajenas. En reuniones de carácter social o rutinario es posible que se compruebe que hay otras personas que tienen los mismos problemas o piensan de manera más o menos semejante. Esta es la oportunidad para mejorar, intercambiando experiencias y creando un banco de puntos de vista que permitan compartir problemas, buscar posibles soluciones y experimentar diferentes maneras de pensar y actuar en bien de la formación de los hijos, con ayuda especial.

Si hay identificación con alguien será más fácil la relación confidencial y franca y habrá mayor participación de los integrantes del grupo para compartir los diferentes problemas. En grupo se facilita el análisis reflexivo de causa y efecto y permite la toma de conciencia de tal o cual problema y la búsqueda de la solución adecuada para el desarrollo y armonía física, mental, social, económica y espiritual. A estas reuniones  conviene invitar a personal especializado para enriquecer información y facilitar la toma de decisiones porque dos o más personas, con idénticos problemas, no podrán aportar soluciones ya que están dentro del problema porque no han encontrado la salida. Una persona no aprende de otra que tiene la misma información o está en  condiciones similares. Con este criterio las reuniones de familias con problemas similares podrían ser un excelente laboratorio o taller resolutivo siempre que se cuente con la ayuda de profesionales para no dar paso a aquello de “si un ciego guía a otro ciego”...    

       Es preocupante el hecho muy frecuente de desperdiciar la oportunidad que tienen los padres de familia en las reuniones escolares; solamente asisten las mamás responsables y, generalmente, de los niños que no presentan problemas, parece que los papás aún no hacen conciencia de que la responsabilidad es compartida. 

“La comunicación con otros permite compartir problemas, soluciones, maneras de pensar, reaccionar y sentir... pertenecer a un grupo y en grupo llevar a cabo actividades comunes, ayudan a crecer como persona y mejorar la relación social positiva”. 

Hay padres de familia que se preocupan porque sus hijos formen parte de algún equipo deportivo y entrenen con regularidad; si se aprovecha cada uno de los entrenamientos para relacionarse entre papás y ajustar normas disciplinarias o tratar situaciones de identidad personal, el avance puede ser valioso. Cabe recordar que la disciplina consiste en hacer bien lo que se tenga que hacer en tiempo, lugar y circunstancia, no es estatismo ni conducta marcial.

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Lic. Carlos del Salto del Salto

Director general del Centro de Estudios John F. Kennedy

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