SOBREPROTECCIÓN FAMILIAR Featured

9 Junio 2019, 12:00 am Written by 
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Puede resultar riesgoso el afán de  protección de los padres consentidores que generan un ambiente familiar de amor contaminado con la sobreprotección,

esta conducta puede ser de carácter compensatorio por posibles culpas o por haber rechazado al hijo desde el vientre o por haber cometido errores con él y entonces hay el deseo de compensar por aquello que la vida no le ha dado al niño y se le colma de atenciones innecesarias y asfixiantes o puede darse el caso que se quiera reemplazar la falta de amor conyugal y volcar atenciones sobre el hijo, provocando más desequilibrio en la pareja. También puede haber una buena intención paternal al pensar y decir: “pobrecito, que no sufra lo que yo sufrí, le voy a dar todo lo que yo hubiera querido tener”.  Así hay el riesgo de caer en el  juego de los hijos quienes, mediante sus caprichos, aprenden a manipular a su antojo a los papás.  En los casos de sobreprotección, con mucha frecuencia, hay ausencia de disciplina. Recordemos que disciplinar es dar estructuras determinadas poniendo límites que den como consecuencia la clara distinción de lo que le conviene, sin lastimar a terceros, y con claro reconocimiento de los derechos de los demás.

En algunos casos de sobreprotección, por no decir en todos, se pierde la noción de lo que es bueno y lo que es malo, hay una contradicción de vida; el niño se acostumbra a recibir todo y no ve si está haciendo bien o está haciendo mal, si es conveniente o es inconveniente. Como que actúa el niño sobreprotegido pensando que es bueno todo lo que le hace sentir bien y es malo cualquier frustración; hay muchos casos  de gente que ingresa a los psiquiátricos por falta de capacidad de tolerancia a la frustración y esto es consecuencia de una sobreprotección en la familia. Un niño sobreprotegido, cuando llega a la adolescencia o a la juventud no acepta el que las cosas no le salgan bien y es víctima de la frustración.

La vida implica retos, dolor, tropiezos, fracasos, errores, etc. y si al niño no se le permite que se dé el lujo de cometer pequeños errores, cuando él es pequeño,  no aprende, a través del sistema de ensayo-error, que hay consecuencias. Se dan casos en los que, por ejemplo, chocó el “junior” su coche y el papá dice: “no importa, el seguro se encarga de todo”, hay coche nuevo para que no haya ninguna consecuencia y así el joven sigue con una idea totalmente torcida de la vida, “haz lo que te dé la gana y no hay consecuencias”.

Hay padres de familia que llegan a la escuela a “tapar” a sus hijos cuando hay algún llamado de atención y se asocian  en contra del profesor al que le suponen agresor, injusto.

Para evitar la sobreprotección los padres deben perder el miedo al “no” y recordar que también se puede decir “no” con cariño. El decir “sí” a todo es transmitir desamor; los padres tienen que aprender a formular y usar reglas claras en los juegos de la vida para que los hijos sepan las consecuencias de posibles infracciones y aprendan a aceptar sus errores y estén predispuestos a las respectivas enmiendas.

La sobreprotección tiene también, como efectos colaterales, la agresión a los propios padres, las dificultades de lenguaje, la inseguridad en sus relaciones, el miedo al rechazo, el deseo compulsivo de aprobación, etc.  El desequilibrio emocional producido por la sobreprotección da como resultado futuro la incongruencia y la corrupción profesional. 

Los padres sobreprotectores están cultivando desamor y predisposición al fracaso, están creando seres, vagos, inútiles,  desvalidos y hasta posibles delincuentes. Si el padre ama a sus hijos debe saber poner límites racionales, adecuados y pertinentes, condicionados por el tiempo y lugar. 

Es importante que los niños aprendan a tener autoprotección y autocontrol y así, en la medida en la que sepan cómo portarse, protegen a otros y se  protegen a sí mismos.

La sobreprotección produce inseguridad,  desvalimiento e inutilidad; la sobreprotección está fuera de cualquier procedimiento educativo; ya dijo un pensador: “a tus hijos edúcalos o padécelos”; y no solamente los va a padecer la familia sino la misma sociedad; si durante los siete primeros años de vida no se dio la educación adecuada, después de los siete años de edad, ya es difícil aplicar medidas encaminadas a controlar los condicionamientos básicos, sobre todo, de la forma de sentir y actuar.

No hay aprendizaje del cumplimiento del deber, como requisito, para disfrutar un derecho, y hasta se pueden  dar casos de abandono emocional porque algunos padres cumplen únicamente con lo económico y pierden la oportunidad de enseñar a sus hijos para que tomen todo como un desafío o reto a vencer, manejando las leyes universales, puestas a nuestro servicio, y no como  un hecho de buena suerte o de mala suerte.

Si hay sobreprotección se quita la oportunidad de ingresar a la cultura del trabajo, que permite aprender a vivir en el camino que le lleva al encuentro de si mismo y le capacita para vencer a su propia sombra; la sombra representa sus temores y limitantes.

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Lic. Carlos del Salto del Salto

Director general del Centro de Estudios John F. Kennedy

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