PRESENCIA Y RESPONSABILIDAD Featured

9 Febrero 2019, 12:00 am Written by 
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Los que estamos involucrados en tareas escolares nos vemos atrapados en problemas de disciplina desde la impuntualidad hasta una total indiferencia a todo lo que representa el cultivo de valores y aprendizajes útiles para la vida. ¿Qué es lo que está pasando?.

 En nuestros días hay mucha información y hasta funcionan escuelas de padres que tratan, a su manera, de proporcionar ayuda y dar lineamientos múltiples. Sin embargo, mientras mayor es la información, los conocimientos llegan a los padres en forma tan estereotipada y en muchos casos deformada, que numerosas observaciones y lineamientos que originalmente eran positivos y válidos tienen, actualmente, el mismo valor que los cuentos de hadas y hechiceras.

La relación que hay entre los primeros siete años de vida  con el desarrollo de la personalidad es innegable y constituye el primer basamento de arranque de las actitudes y los rasgos fundamentales de la personalidad que se desarrollan sobre la base de acción y reacción emocionales entre el niño y la madre, el padre y los otros seres que lo rodean. Esto ha dado pie a la afirmación de que, en los siete primeros años de vida, se fundamentan las programaciones básicas del sentir y las condicionantes y predisposiciones de triunfo o fracaso, según el comportamiento de los padres en el seno familiar. 

El temor a actuar de manera equivocada ha promovido una especie de fobia masiva. Se nota, en algunas ocasiones, que se encubre el temor inhibiendo la espontaneidad en la formación y dejando a la deriva los criterios de la normatividad individual. Algunos papás dejan, muy cómodamente, que sea la escuela la que se encargue de la tarea de formación con mil razonamientos, liberando así la responsabilidad y propiciando el inicio del gran juego de “ping pong”: el maestro pide responsabilidad paterna y el padre pide responsabilidad magisterial, y mientras se encuentra al verdadero actor y responsable de la malformación, el niño sigue en su proceso de desarrollo y desenvolvimiento dando lo que buenamente puede dar; no se detiene hasta que se encuentre la solución. 

Curiosamente, nos encontramos frente a padres “modernos” y padres “antiguos”, cada uno con razonamientos suigéneris que complican más aún los aprendizajes útiles para la vida en el trabajo escolar.

Es recomendable evitar crearse problemas de carácter emotivo sobre los mejores sistemas o métodos. No existen reglas absolutas o métodos definitivamente correctos para manejar el proyecto de hombre perfecto. Existen diferentes caminos para satisfacer una misma necesidad, lo que importa es encontrar la ruta adecuada para usted y su hijo. Si el niño se ve frente a la incertidumbre de su progenitor sufrirá un deterioro difícil de repararlo. 

La tendencia de algunos educadores es la de mantener una actitud reservada hacia lo mejor y lo moderno y es posible que muchos padres de familia se sientan defraudados en su empeño de buscar, fuera de casa, la solución que está dentro del hogar por razón natural de amor y entendimiento.

La educación que venimos recibiendo nos obliga a pedir respuestas claras, soluciones concretas.  Las recomendaciones en el sentido de mantenerse tranquilos y usar el sentido común pueden ser parte de una fantasía evasiva que impida usar el propio criterio en el camino de la formación. 

Hay que ubicarse en la realidad y pensar que cada hijo es un caso diferente y el tratamiento será totalmente personalizado. Algunos psicopedagogos recomiendan que los padres de familia ejerciten todas sus capacidades para que estén en condiciones de desarrollar una perspectiva y una filosofía de la educación más cabales y realistas, manejando aprendizajes útiles para la vida.

La ubicación en tiempo, lugar y circunstancias permitirá descubrir sus propios recursos interiores y su personal capacidad de juicio  para recuperar actitudes y sentimientos espontáneos que permitirán el goce de la relación con sus hijos.

¿Y qué hacer en el caso de hogares desintegrados?..., aquí el problema se agudiza y el niño irá adquiriendo un pobre criterio de los valores auténticos y las charlas ambiguas de tantos supuestos expertos que justifican separaciones, confunden y victiman, posiblemente sin intención, a hijos y padres mutuamente abandonados, buscando milagrosas soluciones en un mar de tormentosas realidades.

Creemos, respetando cualquier otro criterio,  que la responsabilidad de formación debe ser compartida entre padres y profesores: los dos hogares, conjuntando esfuerzos en una tarea común. Por esto es absolutamente necesario que haya una interacción con la escuela y que la presencia del padre no sea solamente el resultado de un acto de fe sino la consecuencia de un auténtico sentido de responsabilidad paterna.

En algunos hogares todavía hay padres que, ante sus hijos, se ufanan de la forma en que fueron educados o que lamentan la falta de oportunidades y se explayan narrando luchas y peripecias pasadas hasta llegar al lugar que ocupan, vendiéndoles así la idea minimizante y limitadora de que hay que sufrir para merecer.

También hay algunos padres que lamentan la falta de reconocimiento de sus hijos por lo mucho que de ellos reciben, y se extrañan por la falta de obediencia o servil sujeción a normas, con las que no están de acuerdo los hijos; pero que por fuerza de la costumbre se les obliga  a observar.

Hay padres que, inexplicablemente,  afirman que los tiempos pasados fueron mejores y hablan de: “en mi tiempo...” sin tomar en cuenta que el tiempo real es el presente; el pasado culpa, crea nostalgia y no se puede cambiar, el futuro “preocupa” y el presente “ocupa”. Todos pertenecemos a este tiempo, lugar y circunstancia y por lo mismo nos toca ser reales y actuales.

Algunas parejas “modernas” y particularmente las formadas para solucionar determinados “errores” crean otro problema de formación. Algunas madres de familia jóvenes deben trabajar para mantener al matrimonio o para ayudar a subsistir mientras llega la milagrosa solución separatista.

Si la razón matrimonial tiene algo que ver con el atractivo visual, la mujer tendrá que mantener la solidaridad matrimonial a base de conservadores y hasta incremento de dicha razón para mantener vivo el interés del conyuge, ¿será posible?... Si de la vista nació el amor hay peligro de que desaparezca cuando lo que se vio ya no tenga las características por las que se prefirió.

A pesar de los múltiples esfuerzos que realizan algunos matrimonios jóvenes para sobrellevar o resolver problemas a base de amor, entendimiento y voluntad, pueden decepcionarse y buscar la cómoda solución del divorcio, olvidándose de todos los juramentos y propósitos iniciales. O bien pueden acomodarse  a un irritado y amargo compromiso “en beneficio de los hijos”. En muchos casos los hijos de estos hogares no son prendas de amor sino víctimas monumentales del fracaso y desintegración familiar.

Los padres de los  “hijos triunfadores”  saben que no conocen todo respecto a ser buenos padres y están atentos a toda capacitación y siempre quieren aprender más; comprometen  sus aptitudes y actitudes en la formación de sus hijos; están atentos a los requerimientos de los escolares y siempre aportan opiniones constructivas y su actitud propositiva enriquece la relación escuela-hogar para caminar juntos en la sagrada misión de educar a seres humanos en formación. Los padres de familia responsables se involucran, desde el hogar y permiten la optimización del proceso educativo al participar activa y  voluntariamente como valiosos elementos   protagónicos de la educación para armonizar las relaciones en todos los medios. Los padres responsables elevan la calidad de vida cumpliendo con la vocación real  del hombre.

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Lic. Carlos del Salto del Salto

Director general del Centro de Estudios John F. Kennedy

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