NADIE AMA A UN DESCONOCIDO Featured

31 Marzo 2019, 12:00 am Written by 
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El primer paso para amarnos consiste en conocernos comprendiendo cómo funcionamos para diferenciar lo que deseamos de lo que verdaderamente requerimos para ser felices. Y aunque en un primer momento lo parezca, este proceso de autoconocimiento no es un fin en sí mismo:

Es el medio que nos permite adueñarnos de nuestra mente, superando, a través de la reprogramación y el ejercicio del amor, nuestros miedos, complejos y frustraciones.

Emocionalmente hablando, sólo puedes compartir con los demás aquello que primero has cultivado en tu corazón. Si no aprendes a ser feliz de forma autónoma e independiente, es imposible que puedas ser cómplice de la felicidad de las personas que te rodean. No en vano, al vivir tiranizado por tus carencias, te relacionas desde la escasez, pendiente de que los demás te den eso que no has sabido darte. Por el contrario, al conectarte con tu fuente interna de bienestar y dicha, entras en la vida de los demás desde la abundancia, ofreciéndoles lo mejor de ti sin necesitar ni esperar nada a cambio. 

Por buenos que creamos ser, todos funcionamos mediante creencias, motivaciones, aspiraciones, deseos, actitudes y conductas egocéntricas, muchas de las cuales no queremos ver ni reconocer. Por eso, cuando alguien señala nuestros defectos y debilidades solemos ponernos a la defensiva. Más allá de esta reacción infantil, el estado de  madurez emocional no comprende ni acepta nuestro lado oscuro, al que los psicólogos denominan “sombra”. 

Paradójicamente, así es como podemos trascender, dejando de proyectar nuestros conflictos internos sobre los demás y sobre el mundo que nos rodea. Amarse a uno mismo también consiste en sanar las heridas emocionales derivadas de nuestros conflictos internos. Dado que somos especialistas en huir del dolor, al llegar a la edad adulta, solemos tapar y protegernos de dichas heridas tras una máscara del agrado de los demás. Y de tanto llevarla puesta, corremos el riesgo de olvidarnos quienes éramos antes de ponérnosla. Así, para poder ir pelando las capas de la cebolla que nos separan de nuestra verdadera esencia, es muy recomendable adentrarnos en la meditación. 

El silencio y la soledad permiten que aflore nuestra verdad. Basta con que, de vez en cuando, dediquemos un rato a estar solos, sin ruidos ni distracciones, observando todas aquellas sensaciones que vayan brotando en nuestro interior, por muy molestas y desagradables que sean. Esta incomodidad –a la que solemos etiquetar como “aburrimiento”– pone de manifiesto que no estamos conectados con nuestro corazón. Y en vez de evitar a toda costa entrar en contacto con nuestro malestar, el aprendizaje consiste en armarnos de valentía para traspasar esta cortina de dolor a través de la aceptación. De hecho, sólo cuando lo canalizamos de forma consciente y constructiva podemos liberarnos de su presencia. 

Cuando tomes el compromiso de amarte, lo que en verdad estás asumiendo es la responsabilidad de crear en tu interior los resultados de bienestar que antes solías delegar en factores externos. Y esto puede pasar por cuidar solamente tu cuerpo y tu alimentación. Te conviene encontrar un sano equilibrio entre la creatividad, la diversión y el descanso (El día tiene 24 horas para repartirlas en 8 horas de trabajo, 8 de diversión y 8 de descanso). E incluso elegir con quién te relacionas y a qué te dedicas profesionalmente. 

El síntoma más evidente de que estás cultivando el amor propio es un aumento notable de tu energía vital, lo que mejora tu salud física y emocional. 

Además, al llevar un estilo de vida coherente y equilibrado, puedes enfrentar, confrontar y afrontar cualquier reto: recuperar el control sobre tu mente. Sólo así puedes nutrir y reforzar tu autoestima. Dejas de preocuparte por no alcanzar el ideal de la persona que crees que deberías ser, al tiempo que comienzas a aceptarte y amarte por ser la persona que realmente eres.

Al adueñarte de tus pensamientos te conviertes en el creador de tu experiencia interior. Es decir, de tus emociones, sentimientos y estados de ánimo. Y al adueñarte de tu experiencia interior te conviertes en el amo y señor  de tu destino. Puedes darte cuenta que te amas cuando ningún comentario, hecho o situación provoca que reacciones mecánica e instintivamente. Metafóricamente, a esta “libertad psicológica” también se la denomina “el poder de la divinidad”. 

l). Practica tu espiritualidad: Ser espiritual, es estar conscientes que Dios vive en nosotros siempre y no sólo en algunos momentos determinados, porque nuestros cuerpos son su templo, en el cual, El voluntariamente vive, pero que a la vez necesita de nuestra colaboración para manifestarse en plenitud porque "la dominación del Espíritu, no está matizada jamás por la coerción ni comprometida por la compulsión”. 

Ser espiritual, es encontrar a Dios donde nunca antes lo habías encontrado, en tu trabajo, en tu hogar, en las acciones más simples y cotidianas, porque "no es necesario ver a Dios con los ojos de la carne, para discernirlo a través de la  visión facultada por la fe de la mente espiritualizada."

Ser espiritual significa tener unificado todo tu ser, porque "la verdad, la belleza y la bondad son realidades divinas, y en la medida que el hombre asciende la escala de vivir espiritualmente, estas cualidades supremas de Dios, se hacen cada vez más coordinadas y unificadas en Dios que es amor.

Gran parte de lo que significa ser espiritual constituye un ejercicio diario para familiarizarnos con nuestro interior y contactarnos gentilmente con una experiencia de felicidad que no es una meta sino un camino. Para ser feliz  necesitas pensar bien y pensar bien es: Aceptarte como eres, aceptar a los demás como son, aceptar tus deberes de estado y no herir a nadie.

La felicidad resulta de la toma de decisiones acertadas en tiempo, lugar y circunstancias determinadas.

Es posible que no todos los días sean buenos; pero siempre hay algo bueno todos los días. 

El mundo está lleno de cosas mágicas en espera de que las descubras. 

Eres principio y fin de todo lo que te pasa incluyendo situaciones traumáticas que pueden ser el resultado de un autocastigo por culpas reales o imaginarias.

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Lic. Carlos del Salto del Salto

Director general del Centro de Estudios John F. Kennedy

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